REVITALIZAR


Brindar a algo nueva vida, especialmente después de un período de deterioro o inactividad.


Hace algunos años, más de 10, en alguna de esas épocas no tan agradables de mi vida decidí buscar alguna otra actividad para sumar a mi día a día. Mi intención era de encontrar respuestas a una constante sensación generalizada de insatisfacción por lo que entré a un curso que brindaba herramientas para poder estudiar mejor. Estudiar mejor no es precisamente atractivo, sin embargo debo decir que una de sus actividades dejó una reflexión de vida muy valiosa que al día de hoy abrazo con toda su verdad, franqueza y aprendizaje.


La actividad dictaba algo más o menos así:

“En un archivo excel documenta por bloques de media hora las actividades de todos los días de una semana promedio.”


Entonces abrí desinteresadamente el programa Excel y empecé a trabajar en esa tabla. En esas 8 columnas y 48 filas estaban registradas todas las actividades de ese estudiante de ingeniería que, más que arreglar un problema, solo quería estar ocupado para evitar tiempo a solas con sus pensamientos e insatisfacciones.


En un inicio, en aquellas celdas solo estaban plasmadas las clases, el gimnasio, ir a la iglesia. Básicamente todo lo que tenía un horario establecido. Desde mi perspectiva, recuerdo pensar que realmente era una persona ocupada. Creyendo estar haciendo un buen trabajo, lo siguiente era mostrarlo al instructor. Así que tomé la laptop y me acerqué a su escritorio mostrándole la pantalla de excel con mis horarios. El instructor sin dedicar más de 5 segundos a ver la pantalla, cuestionó muy sorprendido que en dónde estaba todo lo demás. Mi silencio ante tal pregunta motivó a que él diera una explicación para esclarecer el nivel de detalle con el que se debía realizar la tabla. Esto implicaba incluir no solo ‘quehaceres’ sino absolutamente todo. Se consideraban las siestas, el tiempo estimado de baño, compras, reuniones, traslados, salidas, ocio, etc. Entonces, dediqué un poco más de tiempo a acomodar todas esas actividades nimias del día a día. Entre mis estrategias, recuerdo que había algunas actividades diarias que me tomaban 10 o 15 minutos por lo que las ponía cada dos o tres días para sumar la media hora y no considerar tiempo de más en ellas. También, al ser una semana promedio decidí equilibrar la cantidad de fiestas con algo de dedicación al estudio. Si era una semana de finales, no funcionaba igual. Y así seguí llenando celdas muy entretenido trabajando en especificar la mayor cantidad de actividades.


Por fin quedó una tabla detallada y digna. Aquel documento quedó tan bien hecho que para mí era un éxito. Había cumplido con documentar mi semana promedio y con ella confirmar que era una persona ocupada, comprometida con sus actividades, estudiosa y con tiempo de divertirme. O al menos eso fue mi primer vistazo. El instructor nos hizo un breve tutorial de cómo convertir la tabla a un diagrama en forma de pay. El diagrama de pay lo que hace es hacer dividir un círculo en rebanadas en base a los porcentajes de tiempo consumido en cada actividad respecto al tiempo total de la semana.


Seguí los pasos para realizar el propio y empezó aquella confrontación personal. Ese diagrama de pay mostraba el porcentaje de tiempo que invertía en actividades aproximadamente 40 de las 52 semanas que tiene un año. Como si fuera el diagrama de alguien más, no podía aceptar la distribución de rebanadas. La reacción inicial fue cuestionar si en realidad había hecho el diagrama correctamente. Lamentablemente no fue así, lo había hecho bien. Eso que veía era lo que hacía más de la mitad del año. Percibía que la rebanada del sueño era muy grande. Me decía a mí mismo: “No hay problema, dormir mucho es saludable.” Pero, las horas de sueño para reponer una desvelada por ir a una fiesta que por sí sola equivalía a 8 horas restaban casi un tercio del día. También me preguntaba: “¿Dónde está la rebanada del gimnasio si lo hago diario?” Parecía que lo que realmente disfrutaba era trasladarme: al gimnasio, a la escuela, con mis amistades, etc. Media hora para llegar y media para regresar equivalían a esa misma hora que me dediqué en la elíptica. Era complejo ver en el diagrama que una hora dedicada a mí, no generaba más que una rayita o ver la rebanada con un zoom de 200%. Me consideraba una persona espiritual, y me preguntaba: ¿por qué no hay una rebanada de mi vida espiritual? De las 168 horas que tiene una semana solo dedicaba 1 para ir a misa.


La reflexión cayó como una gota en el centro de un lago sin movimiento. El diagrama, me ayudó a descubrir que esa sensación incomoda de deterioro que tenía respecto a mi vida era real porque mi vida tenía muy poco de lo que quería más. Definitivamente era difícil observar que el diagrama no tenía nada de malo. Pero era más difícil ver que mi familia ni si quiera figuraba en la tabla. Que los traslados y ‘el tiempo muerto’ daban forma a las rebanadas más grandes del pay. No estaba tan ocupado, no era un gran estudiante, ni un gran hijo/hermano, ni dedicaba tiempo para mí. Hoy la situación es diferente y valoro mucho las buenas intenciones que tenía. Puedo decir que estaba aprendiendo y que estaba haciendo lo que mejor que podía. Generar esta radiografía de mi vida me permitió cuestionar aquello que llegaba inoportunamente a las 2:47a.m. de manera muy directa: “¿Qué estoy haciendo con mi vida?” La diferencia es que de esta forma lo pude observar, me dio perspectiva. Me permitió reflexionar sobre las decisiones que me tenían ahí. Me permitió recordar los sueños que las motivaron. Me ayudó a entender el significado de la palabra ‘revitalizar’.


Cuestiona y revitaliza. Te abraza,

Fer.


Photo by Darius Krause

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